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LA TERAPIA REGRESIVA

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La terapia regresiva constituye una preciosa búsqueda en nuestro yo más profundo. Es encontrarnos con “nuestras múltiples personalidades” y reconocerlas como propias, pero ¿cómo es posible superar la separación y ser seres completos cuando subyacen en nuestro interior tantas caras de una misma moneda? Si nos adentramos en ese fascinante mundo interior e indagamos en nuestro laberinto de imágenes, iremos al lugar donde se elaboran nuestras creencias y que, en ocasiones, producen tanto dolor y sufrimiento. Contactaremos entonces con nuestra propia sabiduría interna. Esa que no se aloja en nuestra parte lógica y especulativa, sino en aquella esencia intuitiva, atemporal, analógica, imprevisible y creativa. Es la llave que encierra nuestra Caja de Pandora particular. Poseedora de sensaciones tan placenteras y felices, como inquietantes y amargas. Todo un tesoro de emociones. Y este tesoro es precisamente el guía que nos conducirá a la comprensión del personaje actual en el que en ese momento estamos aprisionados con sus bloqueos y su modo reaccional. Esta tipología marcará unas tendencias patológicas determinadas, y no es de extrañar que determinados casos clínicos “desahuciados” por otras disciplinas médicas se solucionen de una forma tan rápida y eficaz.

 

La terapia regresiva es excelente en trastornos psicosomáticos y me pregunto: ¿Existe alguno que no lo sea? Las emociones bloqueadas generan síntomas físicos y viceversa. Los síntomas físicos bloquean emociones o, dicho de otro modo, somatizamos en nuestros órganos diana las emociones pero ¿acaso no es cierto que ante “un hecho fortuito” como una infección oportunista, un traumatismo o accidente, nuestras emociones quedan asimismo profundamente alteradas?

 

Sesión a sesión, el paciente va encajando ese rompecabezas. Los vidrios de colores toman forma como en un calidoscopio. Los efectos indeseados, que fueron el motivo de consulta en el pasado, se van desdibujando, esfumándose como cortinas de humo. La mente suelta lastre abriendo nuevos espacios, se flexibiliza como la rama de un junco. La expresión de la mirada se aviva, la hora del encuentro con la esencia auténtica se va acercando…

 

 

 

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